Sandín, en su obra de 1989, define el estrés de la siguiente manera:
En
condiciones de equilibrio el organismo vive bajo la actividad normal de
sus funciones, moduladas por los ritmos de sueño y vigilia. Bajo estas
condiciones, el funcionamiento fisiológico está sometido a niveles de
activación que se consideran normales. Esta activación fluctúa según
las vivencias diarias y ordinariamente está asociada a emociones (ira,
tristeza, alegría, etc.). El estrés se produce cuando ocurre una
alteración en este funcionamiento normal por la acción de algún agente
externo o interno. El organismo, en estas circunstancias, reacciona de
forma extraordinaria realizando un esfuerzo para contrarrestar ese
desequilibrio. La respuesta de estrés, implica esfuerzo y produce una
sensación subjetiva de tensión. Esto suele suponer, además, un
incremento de la actividad o una inhibición y, por tanto, un cambio en
los estados emocionales.
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